Tras una andadura de más de veinte años, el premio "Tigre Juan" de novela, patrocinado por el Ayuntamiento de Oviedo (mayoría del PP), no será convocado. Anteayer se habló del asunto en el pleno de la corporación ovetense. El concejal de Cultura aseguró que el tradicional premio literario no desaparece, sino que queda "aplazado" para concentrar los recursos en actividades culturales "con más participación de público".
Tiene mucha razón el señor concejal de Cultura: el premio "Tigre Juan" tenía poco público. A lo más que llegaba era a tener lectores. Y de estos presuntos lectores no todos eran vecinos de Oviedo, por lo que no votaban en la elecciones municipales (que es lo que en el fondo le importa).
Leo en La Nueva España que, en dicho pleno, un concejal de la oposición quiso recalcar la importancia del premio regalando al Alcalde un ejemplar de Un viejo que leía poemas de amor (sic, en el periódico. El título verdadero, como se sabe, es Un viejo que leía novelas de amor), de Luis Sepúlveda, que después de ganar en 1989 el "Tigre Juan" con esta novela ha desarrollado una exitosa carrera literaria. El concejal de Cultura no se ablandó por el detalle y respondió a la oposición diciendo que era unos "hipócritas". Además, retó a estos "paladines de la cultura" que le dijeran de memoria cuáles eran los tres últimos ganadores del premio.
Ahí estuvo sagaz el señor concejal de Cultura, pues vamos a ver, ¿ustedes se acuerdan, a bote pronto, de los tres últimos ganadores del premio "Tigre Juan"? ¿Verdad que no? Entonces, menos lobos y a callar, que lo que precisa Oviedo en estos tiempos de crisis son actividades con público.
11.11.09
9.11.09
La Cabrera
Izquierda: Fuidemalo, Pizarras La Baña S.A.
Derecha: Carbajal de La Romana, Pizarras del Carmen S.A.
(Foto: Luis Miguel Suárez del Río)
En 1964 Ramón Carnicer, profesor leonés afincado en Barcelona, publicó Donde las Hurdes se llaman Cabrera, en mi opinión uno de los mejores libros de viajes de la segunda mitad del siglo pasado. Al principio del mismo dice el autor haber hallado, en un libro sobre la geología de la Cabrera, que dicha región natural se sitúa en el centro de un sinclinorio formado por pizarras silúricas: "Y esto es una verdad como un templo; me refiero a lo de las pizarras, que forman la totalidad de los montes y sierras con lajas de espesor variable que dan híspidas y oscuras tintas a las zonas más peladas, así como a las casas construidas con estos materiales." Luego apenas vuelve a mencionar las pizarras. Presumo que Carnicer debió de sacar esta información del Estudio geológico de la Cabrera Alta (León), de N. Llopis Lladó y J. Mª Fontboté, publicado por el CSIC en 1959; la única monografía geológica de parte de esta zona existente en aquel momento.
La Cabrera era una de las comarcas más atrasadas del noroeste peninsular. En su libro Carnicer nos ofrece una visión cruda y realista, una fidedigna radiografía de la situación de miseria y aislamiento de aquella tierra abandonada de la mano de Dios. Carnicer se encuentra con un médico y le pregunta qué enfermedades hay por la zona. "No muchas -le contesta-. Catarros y pulmonías en invierno, algo de bocio, cretinismo, y lombrices." Luego le explica el médico cómo son los partos: "De pie en la cocina. Allí está la parturienta tomando cuencos de chocolate desleído, hirviendo casi. Suda por cada pelo una gota, y mientra tanto, su marido y su madre, en los escaños o moviéndose de una parte a otra, lloran a gritos haciéndole corro (...) Cuando al fin nace la criatura, la mujer ha de seguir en pie hasta librar; entonces la meten en la cama, y en seguida le dan una sopa de mantequilla, muy fuerte."
Por fortuna, las cosas han cambiado mucho y para bien desde entonces, hasta el punto que hoy en día la Cabrera es una comarca próspera gracias, precisamente, a la explotación de las pizarras, que han hecho de esta zona uno de los centros de producción más importantes del mundo. Irónicamente, la misma tierra pizarrosa que condicionó durante siglos su paupérrima agricultura es ahora fuente pródiga de su riqueza. En la actualidad, de la Cabrera que vio Carnicer queda ya poco; pero el paisaje, duro y mineral, sigue siendo el mismo. Aunque con notables cicatrices.
6.11.09
Esgrima con carabina

"Cuando tirada la estocada, el enemigo sin parar ni quitar hace marchar de frente al caballo o la evita por un movimiento lateral que lo separe del infante, no obteniendo por tanto resultado, queda el recurso de soltar el arma a fin de alcanzarle.
Mucho tacto, costumbre y gran fuerza son necesarias para ejecutar este golpe, que si bien algunas veces da resultado, es excesivamente peligroso, puesto que la reposición a la guardia es muy difícil.
Al tirar la estocada, se suelta el brazo todo lo posible y se gira sobre el talón del pie izquierdo, adelantando el derecho, colocándose en guardia en la recta trazada.
Esta es la explicación."
(Liborio Vendrell y Eduart: Esgrima de carabina armada con bayoneta contra caballería, Imprenta de la Viuda de Iturbe e Hijos, Vitoria, 1880)
4.11.09
¿Casualidad?
El domingo pasado estuve en el Mercat de Sant Antoni de Barcelona. Uno de los ejemplares que adquirí es un folleto que contiene el prólogo de Pau Romeva i Ferrer a la traducción catalana de Heretics de G. K. Chesterton, primer tomo de las obras de este autor editadas por La Nova Revista el año 1928. El folleto se imprimió en Barcelona en 1963, y le fue ofrecido a Romeva por 120 amigos (cuyos nombres se relacionan al final) con motivo de sus setenta años.
Al día siguiente visité a mi amigo Josep Mª Sans en su casa. Después de invitarme a pasar a su biblioteca estuvimos hablando de libros y me enseñó algunos interesantes ejemplares. Entre ellos, la colección completa de La Nova Revista. Antes de despedirnos quiso regalarme un número de la mencionada revista que tenía repetido, el nº 27, correspondiente a marzo de 1929. Al llegar a casa estuve hojeándolo, y entonces di con algo curioso: en sus páginas había un anuncio de la traducción catalana, hecha por Pau Romeva, de Herètics de G. K. Chesterton.
Y yo me pregunto: ¿Qué fue esto? ¿Pura casualidad? ¿Coincidencia sin más? ¿O alguna otra cosa? Porque, veamos, ¿qué fue lo que me impulsó a fijarme justo en aquel folleto, entre los miles de libros expuestos aquella mañana en el Mercat de Sant Antoni? Y luego, ¿qué motivó a Sans a obsequiarme al día siguiente, sin haberle comentado nada, con un número de La Nova Revista en el que precisamente se anunciaba la traducción de Romeva de la obra de Chesterton? ¿Hubo telepatía? ¿Existen corrientes subterráneas que desconocemos o, por el contrario, todo se reduce a un mero cálculo de probabilidades? Pero en este caso, ¿cuál es la probabilidad? ¿Una entre millones? ¿Tal vez más?...
2.11.09
Castigador

"Harry Felton, desnudo, medio cubierto con un albornoz verde, estaba tendido sobre la alfombra con los brazos abiertos. Sus ropas hallábanse diseminadas en desorden a su alrededor. Por entre sus labios pálidos manaba un hilillo de sangre. Tenía una cuchillada en la ceja y otra en una comisura de la boca. Su rostro agradable aparecía crispado y tumefacto, pero lo que más impresionó a Murdock fue la enorme mancha de sangre que se veía en el verde albornoz y que se corría hacia el suelo formando un pequeño charco."
(El castigador de señoras, de George Harmon Coxe, 1959. La portada de la edición de "El Búho" es de Coll, e intuyo que se inspiró en la actriz inglesa Diana Dors.)
31.10.09
E. F. Benson y su extraña familia
Edward Frederic Benson (1867-1940) perteneció a una familia de rasgos singulares. Su padre, un hombre de carácter despótico e inflexible, fue arzobispo de Canterbury. Su mujer, Mary Minnie Sidgwick, a pesar de su indudable encanto -"la mujer más avispada de Europa", como la describió Gladstone- era emocionalmente volátil e inestable. El matrimonio tuvo seis hijos; dos de ellos murieron a temprana edad, pero los otros cuatro alcanzaron niveles de distinción. Todos ellos fueron escritores, murieron solteros, tuvieron tendencias depresivas y desarrollaron una homosexualidad activa o latente.
Arthur Christopher, el mayor, fue rector del Magdalen College de Cambridge, se erigió en propagandista de la paz y harmonía universales y escribió obras eruditas de las que han sobrevivido pocas. Maggie, la hermana, fue una egiptóloga de cierto renombre. Enloqueció e intentó matar a su madre, al parecer tras haber descubierto que ésta mantenía relaciones lésbicas con una de sus mejores amigas. Murió en un manicomio. Robert Hugh, el más joven, se convirtió al catolicismo, se hizo sacerdote y llegó a camarero secreto del papa Pío X. Escribió obras apologéticas y de controversia religiosa y mantuvo turbias relaciones con el barón Corvo.
En su juventud E. F. Benson manifestó interés por el deporte, la arqueología y los viajes; luego se inclinó por la escritura. Su primera novela, Dodo (1893), fue un gran éxito. Desde entonces y hasta su muerte publicaría al menos un libro cada año. Su reputación literaria se asienta en sus novelas humorísticas y de sátira social, como The Freaks of Mayfair (1916), donde caricaturiza de forma acerada, aunque no desprovista de ternura, toda una fauna de excéntricos y decadentes esnobs, residentes en el selecto barrio londinense. "El esnobismo -escribe en uno de los sketchs- no es una cosa superficial, sino que nace de hontanares tan profundos como los del carácter o la religión".
27.10.09
La garra del conspirador

El conspirador (1948), novela del británico Humphrey Slater, recientemente publicada por Galaxia Gutenberg, lleva en la portada un fotograma de la película basada en dicha novela, protagonizada por Elizabeth Taylor y Robert Taylor.
He leído algunas reseñas de esta curiosa novela de espionaje. La mayoría hacen mención a la adaptación cinematográfica de la obra de Slater filmada en 1949, pero sin mencionar el título con el que fue conocida en España. En alguna información se decía que era El traidor.
No me sonaba.
Así que recurrí a mi colección de viejos programas de cine y, en fecto, allí estaba. El título de la película es Traición.
Al dorso del programa que poseo, se anuncia el estreno de este filme el lunes 17, en los cines Capitol y Metropol, con encendidas palabras, acordes con el habitual "sensacional acontecimiento cionematográfico".
Se empieza con:
¡UNA NACIÓN SE DERRUMBA MINADA POR EL ESPIONAJE MOSCOVITA!
Y se concluye con esta perla de la propaganda de la época:
NO DEJE DE VER ESTA FORMIDABLE PELÍCULA Y SENTIRÁ LA GARRA SOVIÉTICA INCARSE (sic) EN SU PROPIO CORAZÓN.
Da yuyu.
24.10.09
De Selby
Desgraciadamente el sabio irlandés no llegó a desarrollar estas heterodoxas teorías en profundidad. Tampoco Hatchjaw ni Basset, biógrafos del polígrafo, aportan más datos, al igual que el escritor Flann O'Brien, quien a menudo saca a De Selby en las notas a pie de página de su novela El tercer policía (1967).
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